Sábado
18
Septiembre
Occidentes

Héctor Tizón y Miguel Pereira compartieron el estreno su nueva película "El destino" en Jujuy. Por un conflicto con los exhibidores, no se estrenará mañana en Buenos Aires, como estaba previsto.

''El destino'' de Tizón y Pereira


Algunas personas se pasan la vida buscando su lugar en el mundo. En cambio, Miguel Pereira y Héctor Tizón saben, acaso desde la cuna y a pesar de haber vivido en varios países, que su destino está definitivamente ligado a Jujuy. En ese pedazo de tierra colorada, a casi tres mil metros de altura, donde el viento impone su marca y la gente se deja llevar al ritmo de cámara lenta, son anfitriones. Están allí, en Purmamarca, para hablar de la película El destino, cuyo estreno previsto para mañana se demoró por una polémica sobre la cantidad de salas

Pereira la filmó en 2005 con actores españoles y jujeños, basando su historia en la novela El hombre que llegó a un pueblo, de Tizón. Al pie de un cerro veteado, en el mismo lugar donde se filmaron algunas escenas de la película, conversan sobre el mundo globalizado, el terruño, la literatura, el cine y lo cotidiano.

El destino cuenta la historia de un narcotraficante español que, por un negocio que le sale mal, termina en un pueblito en medio de la Puna donde los lugareños lo confunden con un cura. El hombre, interpretado por el español Tristán Ulloa, se debate entre resistirse o aceptar la nueva identidad que los demás intentan imponerle.

Tanto en las películas de Pereira como en los textos de Tizón, la geografía de Jujuy y su gente son protagonistas. Parece inevitable remitirse a la propia identidad para contar una historia.

Tizón: Siempre se debe narrar, una novela o una película, desde un lugar concreto, porque sino se corre el riesgo de resultar inverosímil. Aunque uno quiera dar vueltas, el contexto desde donde uno escribe surge igual, siempre. Se puede luchar contra ese impulso, pero igual aparece.

Pereira: Yo escribí casi todos los guiones de mis películas en Inglaterra, donde viví quince años. Esa fue una manera de recuperar el recuerdo, vivo, a través de las imágenes. Mucha gente me pregunta cómo es que no perdí la tonada; no sé cómo se hace para perderla.

Tizón: La localización es muy importante. Eso de que el mundo está globalizado es discutible. Es más, a medida que se pretende imponer una globalización, surge lo local. Hacer hincapié en una forma de narrar siempre tiene que ver con un lugar y una época. ¿Quién podría imaginarse un Quijote en el Mato Grosso, por ejemplo? El posmodernismo pretendió deslocalizar como pretende desideologizar, que también es ideología, con otro nombre.

Pereira: En la literatura de Tizón, lo cotidiano se vuelve metafísico, se universaliza lo de uno. Y la identidad cultural de esta región tiene un arraigo muy fuerte. Con mis películas siempre he intentado mostrar la belleza de la provincia como una forma de resaltar su espíritu. Tiene algo de documental el hecho de retratar hechos que pueden ir desapareciendo, es un modo de preservarlos.

Tizón: Esta zona de cultura altoperuana se caracteriza por ser un espacio de frontera, de cruce, de paso. Un espacio entre márgenes siempre es muy rico, porque las fronteras nunca son pétreas y la influencia es mutua, es un ida y vuelta. La historia de la película y de la novela, es la historia de una doble identidad, que tenemos todos. Salvo los tontos, todos somos dos o más. Y el protagonista se enfrenta a una duda: ¿Soy quien creo que soy o lo que los demás creen de mí?

En pleno atardecer, el sol pega sobre la tierra roja y la vuelve incandescente. Cinco minutos después, la tarde parece envuelta en una nube brillante. Esa misma noche, el cielo se transforma en una cúpula abigarrada hasta lo imposible de estrellas. Es imposible que alguien no se sienta contenido por este paisaje.

¿Cómo fue el trabajo de adaptar la novela para convertirla en guión?

Pereira: Tizón fue muy generoso porque me dio total libertad para trabajar el texto. Tuvo confianza en mí y eso me liberó. Me dijo algo que me encantó y me quedó grabado: "Vos vas a tomar una semilla de una planta mía y con eso vas a hacer otra planta". Y así fue. Además, él es un escritor que ha tenido una relación muy estrecha con el cine.

Tizón: Es cierto. Cuando viví en España le ayudé a zurcir varios guiones a Lautaro Murúa. Alguna vez el director español Luis Buñuel me dijo que se puede hacer una buena película de una novela mala. Y es cierto, pero espero que eso no te haya pasado a vos, Miguel (risas). Además, cuando el escritor quiere imponer algo, no sirve, como le pasó a Ernest Hemingway con Por quien doblan las campanas. Son dos medios distintos y, para recrear cierto clima, el cine no tiene por qué ser esclavo del texto.

Pereira: Además, cuando uno lee una novela es su propio director. Don Héctor estuvo un sólo día en el rodaje y justo le tocó el más difícil, el de la reconstrucción histórica, con trajes que nos prestaron teatros de todo el país.

Tizón: Pero igual estuvo lindo.

Esta es la primera vez que un texto de Tizón se convierte en película. Otra novela suya, Fuego en Casabindo, fue realizada como ópera por el compositor santafesino Virtú Maragno y estrenada en el Colón, en 2004.

En la caminata bordeando los cerros, al pie de Purmamarca, Pereira señala el lugar donde una de las actrices del reparto, oriunda de Tilcara, inició a todo el equipo de filmación en un ritual típico, dedicado a la Pachamama como símbolo de buen augurio.

En un lugar como éste cuesta imaginar un ritmo apurado de rodaje, además de la dificultad directa para producir cine que enfrenta un realizador.

Pereira: Las dificultades concretas existen, y por eso uno termina haciendo una coproducción con España, como en este caso. Pero más allá de eso, lo que más me interesa es producir imágenes desde acá, revalorizar al paisaje y al hombre jujeño, darle protagonismo para que pueda reconocerse.

Tizón: Lamentablemente, de otra manera el hombre de aquí se queda afuera, porque lo que prima hoy es la cultura de la inmediatez que no deja espacio a la imaginación. Y eso es el sostén de la memoria. Los recuerdos se dan en imágenes fijas, son como un ejercicio muy cinematográfico.

Por Sandra Commisso

Fuente: Clarín.com

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