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Septiembre
Occidentes

En los libros como en el cine, abundan las obras producidas por adultos bien pensantes y bien intencionados que pretenden enseñar algo a los niños, dejarles un mensaje.

Hay otra literatura para chicos


Estas obras no se caracterizan por la experimentación y la ambigüedad de sentidos y poéticas que de lugar a nuevas creaciones por parte de los lectores; son más bien proclives a la repetición de fórmulas probadas y exitosas.
Sin embargo, es posible pensar la literatura infantil más allá de su carácter moralizante, ampliar la mirada; algo de lo que dan cuenta muchas de las reseñas de la sección de Contratapa escritas por Mónika Klibanski, quien es bibliotecaria especializada en literatura y cine infantil. Presentamos en esta nota una selección de los libros más destacados del último año.

Libros álbum y multicapas de sentido

Un caso paradigmático de obras que combinan el texto escrito con las imágenes, en un tipo de relación que el semiólogo Roland Barthes identificaría como de “relevo” -porque la imagen despliega sentidos complementarios a los del texo-, son los libros álbum. Sus autores son mayoritariamente artistas plásticos, diseñadores o ilustradores, y en ellos las imágenes son elementos narrativos fundamentales. Estos libros recuperan, además, la dimensión objetual y material: “son libros para manipular, girar, tocar, abrazar…”, destaca Klibanski.
Uno de los libros álbum más interesantes del año pasado es Los planos de mi ciudad, del diseñador gráfico, fotógrafo, ilustrador y docente Alexiev Gandman. Esta obra, llena de matices y de guiños para el lector, y de referencias intertextuales, tematiza a la ciudad, sus habitantes y artefactos, como una gran maquinaria.
Otro libro muy recomendable es Quiero ser una vaca, de Enrique Fierro, la Compañía de objetos El pingüinazo y Marcelo Setton, que nos invita a construir juguetes y personajes propios. Dice Sandra Vega en su reseña del libro: “Hay lectura para los más chiquitos, que disfrutan repitiendo y memorizando; hay lectura para los grandes, y lo más interesante, hay un puente para poder construir nuevos juegos de palabras “entre” chicos y grandes”.

Otros títulos que se destacan por la articulación de comunicación visual y verbal son los siguientes:

Yo y mi perro, del dibujante de historietas Max Cachimba, que toma el formato de un álbum de fotos familiares; y El cine no siempre fue así, de Marcelo Cerdá, Patricio Fontana y Pablo R. Medina, que recorre la historia del cine de modo lúdico y desestructurado. Vale la pena recorrer también Linnea en el jardín de Monet, de Christina Björk con ilustraciones de Lena Anderson, que permite un acercamiento muy ameno al mundo del arte a través de las reproducciones de los cuadros del pintor impresionista, fotografías y otras ilustraciones.

La intertextualidad: un escenario para distintos lectores

Los múltiples sentidos latentes en una obra, que cada lector puede desplegar en función de sus conocimientos previos, es otro de los criterios a tener en cuenta a la hora de elegir un libro. Frente a una postura que privilegia la intriga argumental por sobre otros elementos narrativos, el rescate de la intertextualidad alude al espesor de la dimensión metafórica y simbólica de una obra.
Teresa Colomer señalaba al respecto: “La intriga argumental, por ejemplo, no tiene nada de malo, y para crear hábitos lectores resulta muy efectiva, pero el lector no progresa en su capacidad de interpretación si no le ofrecemos también placeres más elaborados”.

Algunos de los libros que recomendamos más arriba despliegan múltiples referencias a otras obras literarias y artísticas, y colocan a la literatura infantil en un sistema de relaciones culturales más amplio y rico. Nos interesa destacar aquellos libros que revisitan relatos clásicos o de tradición oral, cuyas reformulaciones incluyen a veces guiños humorísticos y paródicos.
Las tres hijas, de Fernando Martos y con ilustraciones de Helle Thomassen, tiene como punto de partida un cuento de tradición oral; Boca de león, de Istvansch, está basado en una leyenda ugandesa; y La piedra de la paciencia, de Canela Gigliola Zecchin, rescata la textura del cuento tradicional oriental.

Otros dos ejemplares por demás de interesantes son El tordo músico y otros cuentos para volar, de Tito Narosky y Mirta Narosky, con ilustraciones de Cristián Turdera, que articula relatos sobre los pájaros de la región Latinoamericana con fichas informativas sobre estas aves e ilustraciones; y Cuidado con los lobos, de Lauren Child, un libro humorístico y feroz.
Son muy recomendables también otros clásicos a los que se agregan imágenes: El turista excepcional, de Ramón Gómez de la Serna, con ilustraciones de Sabat; y El hombre de la arena, de Hoffman, con ilustraciones de Pablo Páez. Las vacaciones son una buena oportunidad para que grandes y chicos exploren algunas de estas lecturas.

Por Carolina Gruffat

Fuente: Educ.ar

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