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18
Noviembre
Occidentes

Se educó en EE.UU. y vive casi todo el año en Londres. Pero escribe sólo en castellano. Dice que en democracia "el papel del escritor no es tan dramático como antes".

''Literatura sólo se escribe en la lengua que uno hace el amor, sueña e insulta''


"¡Esto es un desayuno! Para esto vengo a México, para tomar huevos divorciados...", se relame Carlos Fuentes el consagrado, el prolífico, el profundo, el cultísimo, el maestro de escritores, el miembro del selecto club de la literatura latinoamericana, el polemista, el elegante, el padre que —y esto se le ve en los surcos de la cara— sabe cómo es enterrar a dos hijos.

Dice, lo del desayuno, una mañana soleada en Guadalajara y se entiende la satisfacción: vive de mayo a octubre en Londres, donde difícilmente pueda empezar el día frente a tan suntoso plato: un huevo con salsa ranchera (tomate y chile), el otro con salsa verde.

Se podría pensar que es una experiencia extraña, vivir la mitad del año en otro idioma, lejos del sonido del castellano carnal y cotidiano, para un autor que hace del trabajo con el lenguaje el centro de su decálogo del buen escritor. Fuentes tiene una lista de razones para vivir en Londres y —en el casete queda grabado el ruido del tenedor contra el plato— las hace desfilar esta mañana: "Vivo las novelas en México y en Londres las escribo. México es demasiado mi país, tengo mis amigos, me encantan los desayunos. Bueno, después de un desayuno así, no se puede escribir. Me encanta la política mexicana ¡no escribo!, me dedico a vivir. Entonces voy a Londres, me levanto a las 6, a las 7 estoy escribiendo..."

—¿Cómo se siente en inglés?

—Igual que en español, lo aprendí al mismo tiempo. Fui a la escuela en Washington de los 4 a los 11 años. El milagro es que hable español, pero teníamos el idioma en casa y los veranos los pasaba con mis abuelos en México. Yo no hubiera escrito una sola novela sin mis abuelitos.

—¿Por qué no escribe en inglés?

—Escribo artículos en inglés: tengo una columna periodística, tengo un artículo editorial que lo escribo en inglés o en francés.

—Pero no literatura.

—Literatura, no. Literatura sólo se escribe en la lengua en que uno hace el amor, sueña e insulta. Me dices Motherfucker, me quedo con "Pinche hijo de la chingada".

—¿Qué tendrá en común la literatura con el amor y los insultos?

—Mucho. La novela tiene que ver con todo, es un género de géneros, todo entra en ella. Ha salido una muy buena, Tres lindas cubanas, de Gonzalo Celorio. Ahí él rompe esquemas y mete ensayo, memoria, política, periodismo. Si pudiera, yo metería la música en la novela, cuando en Cambio de piel menciono el Réquiem, de Verdi, es para que se oiga.

—Con libertad...

—Hay que ejercer la literatura con la máxima libertad y con el máximo rigor al mismo tiempo.

—¿Qué es rigor?

Es diplomático ¿ya lo dijimos? Carlos Fuentes, pero es asertivo también. Contundente. Más, si le preguntan qué es el rigor en la literatura:
Rigor es saber perfectamente lo que se está haciendo, conocer bien la lengua. Es saber dónde poner las comas, carajo.

¿Acaso está acusando el paso de los años Fuentes, se ha puesto reactivo a las novedades? No parece. Hace un tiempo que se ha dado a señalar escritores jóvenes de su país, bendecirlos de alguna manera. Algunos hablan incluso de un pase de bastón.

Lo más importante en México es el movimiento del Crack. Es decir: Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Pedro Angel Palou, Eloy Urroz. Rompen con la antigua exigencia de que un escritor mexicano debe escribir sobre México. En el apogeo del nacionalismo mexicano, en los años 30 o 40, los hubieran fusilado porque sitúan sus novelas en Alemania, tratan de físicos nucleares, hablan de murallas chinas. Le recomiendo "Zapata", de Volpi. Un libro que no sólo es biografía sino reportaje, política, novela, sueños eróticos de Zapata, lo que no se ha dicho sobre la homosexualidad de Zapata, sujeto a las demandas de su patrón.

—Usted, su generación, han sido referentes de sus sociedades. ¿Estos escritores lo serán?

—El papel del escritor ya no es el mismo. Recuerdo cuando Pablo Neruda nos decía: "Todos los escritores latinoamericanos cargamos el cuerpo de nuestros países sobre la espalda, somos responsables de Chile, de México, de Argentina". ¿Qué pasaba? Que vivíamos en una época en la que no había prensa independiente, no había Parlamento independiente, no había partidos políticos o estaban perseguidos, había militares en el poder, no había sindicatos. Si el escritor no hablaba, nadie hablaba.

—¿Y ahora?

—Ya no es así; hay un desarrollo muy grande de la sociedad civil, una democracia todavía imperfecta pero sistemas democráticos al fin: sindicatos, prensa, Congreso, partidos. Entonces el rol del escritor no es tan dramático, tan emotivo como lo fue en el pasado. ¿Tiene el escritor la obligación de intervenir en política? No. Su trabajo es tomar el lenguaje que es la moda corriente de la calle, el cobre de la calle tratar de convertirlo en oro.

—¿No se siente desorientado alguien como usted, una vez libre de tal responsabilidad?

—Yo la tengo muy clara, mi ocupación es escribir libros. Y ahí estoy empleando mi libertad y mi imaginación; ésa es la responsabilidad de un escritor: con el lenguaje y la imaginación. Aparte de eso, somos todos ciudadanos.

—¿Qué hacen los escritores en democracia?

—Llevan la contraria. Fíjese: Estados Unidos está fundado en el optimismo, el sueño americano, la vida color de rosa, el final feliz. Pero no hay allí un novelista que no haya sido crítico de la sociedad, marcando los defectos, pam pam pam, como ametralladoras críticas. Y eso en una sociedad que tiene como propuesta la felicidad. El sueño americano. ¿Algún otro país tiene un sueño así? ¿Hay sueño argentino?

El mozo ofrece más salsa picante; Fuentes dice que bueno, un poquito sí. Se van acabando los huevos. "El sueño americano son pesadillas. Y nuestra pesadilla son los gringos".

Por Patricia Kolesnicov

Fuente: Clarin.com

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